Lo dicho; ¡finde cántabro!
Como nos alojamos en Santillana del Mar, la disfrutamos gastronómicamente, con aperitivos ¡espectaculares! comenzamos el viernes con unas rabas ¡gran ración y calidad! y el sábado ¡anchoas!.
Y vimos una Santillana de Mar que nunca habíamos visto. Resulta que el viernes hacía muy malo (lluvia y frío), escampó y decidimos salir sobre las 8 de la tarde a dar una vuelta. Cuando llegamos al centro de Santillana, nos encontramos calles vacías, locales y comercios cerrados y como tiene esa baja iluminación, estaba de peli de terror, pueblo fantasma, empedrado y vacío. La verdad, que fue una sorpresa, pero una grata experiencia. ¡nunca la habíamos visto así! y tampoco lo habíamos imaginado. De vuelta paseando, sí que encontramos el local "mitológico" abierto, con música y gente, así que nos tomamos una birrita. Y el sábado salimos por la mañana, paseo por sus calles, visita al Museo de Otero (estaba la exposición permanente de Otero y la temporal era una Feminista que buff, ni fú, ni fá), medio día poteo y gran ambiente, hasta ¡cantos en directo! y es que algo celebraban los vecinos de Santillana de Mar ¡ambiente!
El domingo volvimos a recorrer sus calles, para adquirir ¡souvenirs alimenticios! 😋
Un agradable y diferente lugar: Santillana del Mar, Cantabria.





















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